jueves, 7 de enero de 2016

Un amigo, un relato:Parte 3

¡EN PELOTAS!

CAPITULO 3:  GENARO 

Avanzo tranquila y lentamente, y disfruto de cada momento de mi nuevo estatus, cuando escucho una voz familiar, que me llama, a mis espaldas.
-¡!Manolo!!, ¡!Manolin!!
¡Coño! (pienso), ¡Genaro!. Me doy la vuelta, y me encuentro con un viejo amigo, de la misma edad, que yo, aunque un poco más envejecido, más canoso, con más barriga y….!está desnudo como yo!. Mi cuerpo, se estremece, no sé si por la alegría del reencuentro, o por descubrir que está desnudo como yo.
-Pe..,pero Genaro – le digo, asiéndolo por los hombros- ¡que sorpresa, chico!, ¡qué alegría volver a verte!, ¡¿pero estas desnudo?!.
-Calma, calma manolín, -me dice Genaro para tranquilizarme-, vente conmigo a la panadería de Puri, y nos vamos los tres a comer al parque.
-Pero Genaro…, ¡que estamos desnudos!, ¡que Puri nos conoce!, me da vergüenza, ¿y si nos denuncia o algo?, no sé.
-Confía en mí, manolin, confía en mí, -me dice, poniéndome su mano en mi hombro, para tranquilizarme-.
Hago un ademan de conformismo con los hombros y la cabeza, y nos vamos juntos a la panadería de Puri. El bueno de Genaro, un buen amigo de la universidad. Cómplice de correrías estudiantiles, apoyo de éxitos y fracasos. Se acabó la carrera, y tomamos caminos separados. El, se casó con una niña bien, hija de un importante e influyente político, y se fue a vivir a la capital. Mantuvimos el contacto durante unos años, pero su trabajo como director general de un importante banco, su círculo social, nos hizo alejarnos tan rápido y tan lejos como una ramita que se cae a un rio. Y nos perdimos la pista… hasta hace unos años, en que me lo encontré paseando por la calle donde he vivido toda la vida. Se había separado, harto de las continuas infidelidades de la niña bien, del ninguneo de su suegro, y sobre todo…del enorme vacío que sentía.
Aprovechó que su madre, se había muerto, para renunciar a todo, replantearse, la vida e irse a la casa que su madre le dejo en herencia, ya que era hijo único. No sin antes, de asegurarse una suculenta pensión, y una elevada “compensación de silencio”, que le abono su suegro, a cambio de no sacar los trapos sucios, (que había ido acumulando a lo largo de los años, para asegurarse una vejez tranquila), cuando estuvo en plena campaña para la presidencia de gobierno. Qué irónico, el ex yerno del actual presidente del país, estaba hora, a mi lado, desnudo, paseando tan tranquilamente por la calle.
Entramos en la panadería y noto como el rubor me sube a las mejillas, al ver a Puri.
Bajo la cabeza, e intento taparme detrás de un expositor de chucherías.
-¡Buenos días Puri!-dice Genaro-, ¿estas preparada?.
-Sí, cierro y nos vamos, -responde-
Pasa a mi lado, me mira de reojo, y me lanza una sonrisa cómplice y picara, como queriéndome decir esto es lo que hay. Cierra la persiana metálica por dentro, y nos dice:
-Ahora salgo, darme cinco minutos. Manolo, di algo que este muy callado.
-Ho..hola, -respondo tímidamente-.
Pasan diez minutos, y sale Puri…!totalmente desnuda!. Una extraña sensación de pudor y excitación erótica, me invade, y no sé qué decir.
-¡Qué, Manolo!, ¿sorprendido?, ¡Ánda, no seas bobo!, acompáñanos, vamos a comer al parque y te lo explicamos todo.
Estupefacto y confuso, les acompaño a la puerta trasera de la panadería y nos dirigimos al parque. Por el camino intento ordenar mis ideas, y no mirar mucho a Puri, por pudor…, por vergüenza…
Puri lleva una cesta con vino, queso y una gran empanada, para comer en el parque.
Llegamos, el parque está vacío, y nos sentamos en una mesa del merendero, a la sombra, para comer. Puri saca las cosas de la cesta y nos ponemos a comer, en silencio.
Pasa un buen rato con el que me da tiempo a observar el intercambio de miradas que entrecruzan Puri y Genaro, hasta que Puri le dice a Genaro:
-¡Anda, Genaro !, explícale a Manolo todo, que le tenemos en ascuas, ja, ja, - dirigiéndome una mirada y una sonrisa, que nunca había sentido de su parte-.
- Verás, Manolín –se gira en su asiento para ponerse enfrente a mí-. No sómos los únicos que estamos desnudos en este parque, cuando acabemos de comer, nos damos una vuelta por el parque y te enseñamos una cosa.
-Pero…,¿porqué?. – le pregunto-.
-¿El porqué de esta postura?, verás, como sabrás, hace unos años, murió mi madre, y como era hijo único, me tuve que hacer cargo de todo, y tras el funeral, me fue a la casa en la que nací y me crié, para ver que se podía hacer, para deshacerme de todo, y venderla, pues realmente, era para mí, uno más de mis negocios. Fue entonces en el silencio de la casa, sentado en uno de los sillones del salón, donde reflexioné sobre mi vida, de dónde había salido, y donde estaba, y me di cuenta que estaba subido en un barco que era una gran mentira, navegando en un mar de mierda. Nada, manolín, no tenía nada. Una mujer, que me engañaba casi desde el principio, un suegro que usaba su antojo, y unos hijos a los que apenas conocía que me odiaban, y una cotarve de amigos pelotas e interesados que te daban palmaditas en el hombro. Así, que me planté, dejé a mi mujer, mis hijos, mis conocidos, me aseguré (como ya te he contado) un buen colchón económico y me quedé a vivir donde nunca debería haber salido.
Afortunadamente supe reaccionar a tiempo, cosa que otros no hicieron, y no están para contarlo. Un buen día, asqueado de esta sociedad, me planté en la calle, desnudo, como una liberación, una ruptura de pesada cadena que me unía a un sistema de vida demasiado convencional, consumista y agresivo… y después de muchísimos años…,!me sentía libre!, ¡libre!, manolín y me acordé de ti, manolín, de nuestra época en la universidad, en la que solo nosotros éramos dueños de nuestras vidas. ¿y tú?, ¿qué haces en pelotas?, ja, ja.
- Verás…, bueno, veréis, yo, al igual que tú, asqueado de la gente, de que nadie me haga caso, decidí salir a la calle así, para ver si la gente me hacía caso…, y me encuentro contigo y con Puri….,!que grata sorpresa!, averiguar que no soy el único inconformista….
-Me alegro de que sea así – me dice Puri, agarrándome suavemente la mano, provocándome un chispacillo eléctrico, haciéndome sentir especial -
Acabamos de comer, y paseamos por el parque, y Genaro, me hace un peculiar tour:
-Mira manolín, si te fijas, hay más gente como nosotros, fíjate bien.
Observé a mi alrededor, en los sitios que me indicaba Genaro, y descubrí a más gente desnuda, de toda clase y condición. Paseando, corriendo, hablando, disfrutando en sí, del parque.
-Manolín, esta gente no es nueva, algunos, llevan cuatro años, el mismo tiempo que yo, cuando empecé, otros, menos. Otros, como tú, los que más se esconden tras los setos, novatos, pero todos con algo en común, la búsqueda de una libertad que en su vida diaria no tienen. ¿A que no te habías dado cuenta hasta ahora de toda esta gente?.
-Pues…, ahora que lo dices, no, no me había dado cuenta, siempre he ido corriendo a todos los lados, viviendo deprisa, deprisa …
-Nos reunimos cada fin de semana, en este parque, para contarnos las anécdotas del día, que esta situación nos provoca – me comenta Puri-.
-Mira, por ahí vá el imbécil del director de la sucursal del banco del barrio –dice Genaro-, y le lanza un estentóreo grito- ¡Montoya, tócame la p….!-no le dejo acabar la frase, ya que le tapo la boca con la mano-.
-Tranquilo manolín, tranquilo, que ni se ha enterado, ¿ves?, ni se ha girado, está demasiado imbuido en su vida.
-Perdona, es que todavía no estoy familiarizado con esta nueva situación.
-Tranquilo, acabarás acostumbrándote, y conforme pasen los días, disfrutaras más -me dice Puri, saliendo ya del parque, para irnos a casa, pues la tarde se nos ha echado encima, se hace de noche, y hace fresco.

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