jueves, 3 de diciembre de 2015

Un amigo, un relato:Parte 1



Empezamos una nueva etapa en el blog, con la colaboración de amigos, me permiten publicar, relatos, textos,,,,,,,,,,,todo aquello que ellos quieran, darles las gracias por confiar en mi, darles las gracias por estar siempre ahí.
Empezamos con el relato de Emiliano, un amigo de toda la vida, no exagero, nos conocemos de siempre.
¿Qué puedo decir de Emiliano? Que es de lo mejor, grande, si él quiere lo podrá todo en su vida. Os dejo con su relato que iré poniendo por capítulos, disfrutarlo. Espero que os guste.


¡EN PELOTAS!

CAPÍTULO 1. AMANECE

Suena el despertador y, más por costumbre que por ganas, abro los ojos. Somnoliento, miro al techo, tan blanco, como un folio en blanco, en el que anoto mentalmente el día de hoy.
Es lunes, y será igual que el de la semana pasada, que mañana, pasado mañana, y toda la semana…., …ducha,…café,….ver en la televisión las mismas noticias, ….
Vestirme e irme al trabajo. Una rutina fotocopiada.
Cierro la puerta y, me cruzo con la vecina de enfrente. Adolescente,, morena, espigada, pelo moreno y largo, lacio, que le tapa media cara. Lleva un top de tirantes, con la foto del cantante de moda, pantalones muy, muy cortos, de esos tipo vaquero que asoman los bolsillos. Se nota la abultada y plana silueta de su Smartphone, zapatillas de loneta. Hace buen tiempo, se acerca el verano. Aferrada a una carpeta cubierta de pegatinas a rebosar de apuntes (claro, los exámenes finales).
Pasa a mi lado, rozándome el brazo, con la cabeza baja, impregnándome del olor de esa colonia fresca, casi infantil, que usan casi todas las crías de su edad.
-¡buenos días! –le digo con una sonrisa-
Pero ella, lejos de responderme, sigue su acelerado paso y, murmurando entre dientes, creo escuchar unos buenos días, pero no estoy seguro. ¡Bah!, tendrá prisa, llegará tarde a algún sitio, (pienso mientras la veo desaparecer tras la puerta del portal que se cierra.
Llego a la estación. Cientos de personas en silencio, aferradas a sus tablets,mp4, books, ordenadores portátiles, y cualquier elemento electrónico que les aleja de la realidad que les rodea. No creo que huelan el café recién echo del bar de al lado, ni el olor de los croissant de la panadería de enfrente, ni perciban el ruido de las hojas de los plátanos de la avenida, movidos por la ligera brisa que se ha levantado.
Subo al vagón y, una rara mezcla de miedo y tristeza, me invade. Todo el tren está en silencio, Gente con la cabeza baja, con o sin cascos, leyendo, jugando, whatsppeando, hablando por el móvil…., pero silencio. Me viene a la memoria, una vieja foto en blanco y negro de mediados del siglo XX, donde, un grupo numeroso de niños, están en una iglesia, rezando con la cabeza baja en silencio. ¿A qué dios le está rezando esta gente?
Llego al trabajo, me cruzo con Manzano,
- Buenos diaaassss…… -digo, alargando los días cada vez más bajo, porque mis buenos días se los ha llevado la ráfaga de viento que ha creado mi compañero al pasar a mi lado, veloz como un galgo, sin ni siquiera mirarme-.
Me siento en mi mesa. Todo en orden. Enciendo el ordenador y me dirijo a tomarun café. A la vez que llego, mis compañeras Marina y Esther, se van de al lado de la máquina, con un café en la mano, hablando entre ellas.
-¡Buenos días! –pero no me miran al pasar a mi lado, sin ni tan siquiera advertir mi presencia-.
Pongo el oído, para averiguar si el tema sobre el que están hablando, estan importante como para ignorarme, y hablan de lo de siempre: que si mi hijo, esta mañana, me ha montado un pollo, porque no quería desayunar, …el mío, que no quería vestirse… ¿Y yo?, ¿no me merezco unos humildes buenos días?. No le doy importancia y me saco un café.
Mientras lo estoy bebiendo, observo la oficina, un grupo de inpiduos aislados. Ángel mira los email, ese otro, el Facebook, el de más allá, con los WhatsApp, otro, con las páginas deportivas… Pero no se hablan ni se miran.
Ninguno se pregunta: ¿Qué tal el fin de semana?, ¿Qué tal tu familia? Nada. Piedras en el desierto social.
El día pasa, monótonamente, como siempre. Problemas,problemas, problemas, que
muchas veces se solucionarían si se hablara más, y no dejándolos encima de la mesa con un: solucióname esto.
Acaba el día, y la gente sube precipitadamente al tren como una de esas manadas de ñus que salen en los documentales de la dos, huyendo del león de la prisa, que les persigue todo el día, para hacer no sé el que, para llegar a no sé dónde.
Cojo el tren, y la escena de la mañana se repite. Cierro los ojos…., silencio, silencio, solo roto por el tic, tic del teclado de los móviles de la gente. Me recuerda a esos monitores de hospital, que advierten que estas vivo mientras suene el tic, tic..
Sí, debe ser eso, ese ruido rítmico, es la señal inequívoca de que la gente, aun en estado vegetativo, está viva.
Voy a la panadería, para comprar el pan, y cuando me acerco al mostrador, una señora morena, con el pelo corto, huesuda, súper estresada, con un niño de más o menos dos o tres años en los brazos, atropelladamente, se pone delante de mí, y le dice a la panadera:
-¡Puri!, ¡dame dos pistolas!, ¡que día llevo, todo el día corriendo!
¿Por qué?, ¿para qué?, pienso para mí mismo. Ni siquiera me pregunta si me importa que se ponga delante y, dando un giro sobre sí misma, zarandeando al niño , con la misma cara de angustia y de agobio, con las mismas urgencias, desaparece, saliendo aceleradamente de la panadería cerrando con un portazo la puerta de panadería, haciendo retemblar los cristales.
Puri, la panadera, me mira, con cara de resignación, y de comprensión, como diciéndome “te entiendo”.
-Buenas tardes, Manolo, ¿lo de siempre?.
- Sí, buenas tardes, una pistola, y me pones una de esas palmeras de hojaldre que tienen tan buena pinta.
-Eso está hecho, -responde- ¿Qué tal el día?.
-¡bueh!, como siempre, ningún día es distinto a otro, todos son iguales.
- Anda, toma y vete a casa a descansar, que traes una cara….
- Gracias Puri, tu si que me entiendes, contigo, puedo hablar. A veces, pienso queno existo, que soy invisible, la gente pasa a mi lado, y no me dirigen palabra alguna.
Siempre van con prisas, siempre corriendo, como la mujer Esta que se me ha colado hace diez minutos. A veces pienso que, si fuera desnudo por la calle, ni se darían cuenta, palabra.
-¡Anda yá,!, nó exageres, -responde Puri- y vete a casa a descansar.
-Está bien, Puri, hasta mañana.
Puri, es una mujer muy agradable, una de esas personas que viven la vida tranquilamente, que es ella la que se lleva la vida por delante, y no al revés. Lo toma todo con tranquilidad, de unos cuarenta y tantos años, gordeta, con el pelo castaño, recogido en un moñete, y un impoluto delantal blanco, encima de un discreto vestido azul. Da la tranquilizadora sensación de que está de vuelta de todo.
Llego a casa, saco las llaves del bolsillo, abro la puerta y, una bofetada de aire retenido del día, cálido, me da en la cara. Hace calor, dejo el pan en cocina, las palmeras, en la encimera. Con desgana, me voy a la habitación, me desnudo lentamente, y me doy una ducha.
Cierro los ojos, y dejo que el agua me recorra el cuerpo, como deseando que, además de limpiarme, se lleve por el desagüe todo el cansancio, y esta extraña sensación de desánimo que he sentido durante todo el día.
Salgo del baño, me seco con desgana, miro al espejo mi imagen distorsionada por el vaho, me sonrío, pensando en lo ridículo que parezco. Me pongo el pijama, preparo una cena rápida. Saco unas empanadillas congeladas, una ensalada de lechuga y tomate, y poco más.
Me siento en el sofá, y enciendo la tele y, aparece un reportaje, sobre un hombre desnudo, que tiene que sobrevivir en una selva,, sin nada, solo, sin más medios que sus manos, y su imaginación, para sobrevivir.
Esto me hace pensar,…¿si yo fuera desnudo por la ciudad?,¿se darían cuenta?,¿sería capaz de sobrevivir?. No, no, es una locura, pienso, haciendo una mueca mezclada con una medio sonrisa. Sigo viendo el programa, y mi cabeza, agitada como un enjambre sacudido empieza a dar forma a una idea tan simple como descabellada.
Mañana, empiezo las vacaciones, si…¿Qué me puede ocurrir?,¿Qué me multen?,¿Qué no me atreva ni siquiera a salir por la puerta?. Preguntas, preguntas, que se agolpan en mi mente.
Después de muchas vueltas consigo cerrar los ojos por fin.

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