martes, 29 de diciembre de 2015

Navidad

NAVIDAD , DESDE LOS OJOS DE UNA AMIGO.

"Colaboración Emiliano Heredia"

Faltaban pocos días para Navidad, la sola idea de lo que se le venía encima le hacía estremecerse. Cada año se repetían las mismas escenas y se hacían los mismos preparativos, como un cliché que se guarda en un cajón y se saca en Navidad, para enseñarlo, y guardarlo hasta el año que viene, cuando las fiestas se acaban. Los hijos..., "quédate con los niños (inaguantables y gritones), que vamos a comprar los Reyes...), pelea en el mercado, para comprar la comida buffet de todos los años, hasta hartarse..., los regalos (que no se me olvide nadie)...¡y las uvas!, ¡sobre todo las uvas!...,¡uf!, que follón. Cojo el bolso...., el abrigo, (uniforme de guerra), y me lanzó a la calle más con resignación que con ganas. Primero, a la pescadería, luego, a la carnicería, y más tarde a aquel puesto donde venden esos mazapanes que tanto le gustan a Pili.... Ahora, un cafecito a media mañana, que no voy mal de tiempo, y a acabar con lo que me queda, que éste año no voy mal de tiempo. Después de unos cuantos pisotones, codazos, moratones, he saldado con victoria èsta batalla, y pienso que, me merezco una recompensa, y voy directa a un pequeño restaurante cerca de mi calle, a comer tranquila y relajadamente. -Buenos días, Manoli-me saluda Juanjo, el camarero-¿un menú?. -Sí, y, aunque no entre en el menú, pon me una botella de tu mejor vino, que creo que lo tengo más que merecido, después de la mañana que llevó -No te preocupes, para tí, entra -responde Juanjo- - Gracias, no hace falta-respondo- -insisto -dice Juanjo- La comida transcurre tranquila, y la disfruto, cada bocado, cada sorbo, y el postre, (que no viene incluido en el menú), arroz con leche especialidad de la mujer de Juanjo para mí, expresamente. -¡Juanjo!, la cuenta, por favor. - Estás invitada, Manoli -me dice Juanjo acercándose-, aquel señor del fondo te ha invitado. Miro hacia donde señala Juanjo, y un señor mayor, de mi edad más o menos, me saluda, se levanta, y se dirige hacia donde estoy sentada. El caso es que, su cara en suena, pero no se de què. Cuando se pone a mi altura, me levanto, y me dice: -Manuela Gutierrez Galván, tercer curso de magisterio ¡Dios mío!, al mirar sus increíbles ojos verdes, el mundo parece detenerse a mis pies. ¡Alfonso!, Mi primer gran amor antes de conocer a mi difunto marido. Nos íbamos a casar, pero se marchó fuera, porque a su padre, le enviaron a trabajar a Francia. Durante un tiempo, mantuvimos contacto por carta (que aún conservo), pero me casè, vinieron los niños, y ya no volví a verle.... hasta hoy, que le tengo enfrente de mí, cogièndome la mano, con una sonrisa que nunca se me olvidó. -Hola, Manoli, ¿me recuerdas?, te he reconocido nada más te he visto aparecer, una mujer como tú, no se olvida en la vida. Aunque pasara una vida entera. Estupefacta, no se que decir, me quedo callada como una tonta. -¡¿què ?!,¿no me dices hola por lo menos? -¡Alfonso!-le doy un tierno abrazo, cerrando los ojos, del que soy correspondida- -¿tienes la tarde libre? -me pregunta- -Bueno..., tengo que ir a mi casa, que está aquí al lado, para guardar todo lo que he comprado, si quieres, te invitó a un café, y nos ponemos al día. - ¡ah!, vale - me responde-, y ya de paso, veo a Carlos, tu marido, que tengo muchas ganas de verle. -Nó, Carlos, ya no está, falleció hace seis años, un cáncer se lo llevó. -Vaya, lo siento, -en su cara, se denota un gesto de pesar-, venga, acepto ese cafè, y yá de paso, te ayudó. Nos dirigimos a casa. Mano a mano, como si lo hubiéramos echo toda la vida, colocamos todas las cosas, envolvemos los regalos..., y cuando acabamos, Alfonso me prepara el mejor café que hacía tiempo que no probaba. Sí, es el que siempre uso, pero tal vez, porque lo ha echo él, me sabe diferente. Nos sentamos, en el sofá, y estamos unos minutos sin hablarnos, hasta que él, rompe el hielo: - Bueno, como ya te he contado, he venido para ver a mi hija, y me vuelvo Francia, a pasar las fiestas sólo, ya que mi mujer se separó de mí hace unos años, para irse con un cretino con más dinero. Oye, Manoli, ¿tu crees en los golpes del destino?. -¿a qué te refieres?. -¿Crees que nuestro reencuentro después de tantos años, ha sido tan sólo eso, un reencuentro, o es algo más? -No sè a lo que te quieres referir Alfonso, -respondo bajando la mirada al suelo- -¿Eres feliz?, ¿serías capaz de dejarlo todo y venirte conmigo?, no digo a Francia, si nó al pueblo de nuestros padres, hace unos años, arreglé la casa de mis padres, y paso allí casi todos los veranos. -¡Alfonso!, pero... que estas...-no me deja acabar la frase, porque me dá un tierno beso en los labios, que me azora como una colegiala-. -No digas nada - me dice Alfonso-, piènsalo, mañana es Nochebuena, y me voy, tengo tu teléfono, te llamo, hasta mañana, Manoli. Alfonso, se levanta, y me lanza un guiño antes de cerrar la puerta. Paso la noche dando Vueltas, como una adolescente enamorada, a mis cincuenta y tantos años. Durante el día, la cosa no ha ido a mejor, no hago otra cosa que pensar enTodo este follón, de Alfonso, de la cena de Nochebuena, de la gente que viene, y no doy una a derechas. Llega la hora de la cena, y llegan todos a tropel, como todos los años, y algunos más contentos de lo normal. Mía tres nietos, entran como una plaga de langosta, y enseguida empiezan a montar trifulca.
-¡Feliz Navidad suegra!,- me dice mi yerno, apestando a cerveza- -¡¡ande ande la marimorena!, -mi otro yerno, no le vá a la zaga- Nos sentamos a la mesa, y ahí estoy yó, observando como mis hijas se pelean con mis nietos, para que coman, mis yernos compitiendo para ver quien es el más cretino, y mis hijas mirándome con cara de sufridoras. Me suena el timbre de un whatsapp, lo miro, y por un instante, la burbuja que forma en torno a mí, lo que pone el whatsapp, me aisla de todo, es Alfonso: -"Feliz Navidad, preciosa,hace años, cogimos trenes diferentes, ¿quieres un billete para el mismo tren?, te espero abajo en media hora, si nó bajas, comprenderé que es demasiado para tí. Sí nó nos volvemos a ver, que seas muy feliz" Èste mensaje, es como una bocanada de aire fresco que me hace revivir como a una flor a la que se le echa agua. Miro a mi alrededor, me levanto, no se dan cuenta, hago una maleta, con lo imprescindible, miro a mi alrededor, recorrido la casa donde pase tantos momentos buenos y malos, teniendo de fondo la banda sonora del follón de mi familia. Me planto delante de ellos, alzo la voz, para que me oigan, se callan, y todos, incluidos los insufribles de mis nietos, se callan, al verme con el abrigo puesto, y la maleta a mis pies. -¡¡Ejem!!.,¡nó!,no digáis nada, hoy, día de Nochebuena, por primera vez en mi vida, me voy a regalar algo para mí, una vida nueva. Sí, me voy con un gran amor que no se murió, que sólo estaba dormido, y que me va a hacer infinitamente más feliz que todos vosotros juntos en lo que me queda de vida. Al Salir, cerrad la puerta... para siempre. Me quieren hablar todos a la vez, acelerada y atropelladamente, tras el impacto y la sorpresa inicial, pero, abro la puerta, y les hago con el dedo en los labios, el ademán de silencio. Antes de cerrar, les digo: -¡feliz Navidad!. Alfonso, me espera en su coche, y por el retrovisor, vèo quedarse cada vez más lejos las luces que adornan la calle...y mi vieja y aburrida vida. Fin

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